La villa de Ares se prepara para celebrar su tradicional fiesta del Corpus Christi. El domingo 7 de junio, las calles aresanas lucirán unos 1.200 metros de alfombras florales, para que visitantes y habitantes, disfruten de este arte efímero en el que el pueblo se vuelca desde hace 40 años.
Esta semana comienza la cuenta atrás, y los centros de trabajo se preparan para que el sábado todo el material esté elaborado, y poder comenzar con ayuda de los ciudadanos, el montaje de las alfombras, que implica a familias enteras,sobre todo a muchos niños, que llegan hasta la media noche con la ilusión de ver a la mañana siguiente su calle adornada.

Las mujeres son las protagonistas de todo el trabajo previo que hay detrás de esta tradición, ellas se juntan con tijeras en mano a picar el verde que recubrirá las calzadas. En el primer centro que visitamos, son las encargadas de la decoración de la alfombra que recubre la zona de la iglesia y el puerto. Allí Carmen nos cuenta que es la más veterana, y que lleva desde el primer año que comenzó la tradición colaborando. «Julia, siempre quiere que cantemos», dice Carmen, pero la réplica no tarda en llegar, «este año no cantamos mucho, más bien tomamos el café y los dulces». Ellas trabajan y comparten semanas de tardes enteras de picado, mientras se ponen al día de la actualidad, y comparten dulce- que les encanta-, « o bueno, también tenemos chorizo o lo que cada una quiera», se ríe Carmen. Su alfombra como cada año será de motivos religiosos, « pero no te vamos a contar nada más, que si no luego la gente no viene».

La calle Real y la calle María también preparan sus manzanas, para lucir coloridas en el día del Corpus. En la calle María, en el primer centro de trabajo ya están con el tinte y la hormigonera preparada para convertir el serrín en polvo de colores. Además, uno de los hombres más jóvenes que están trabajando en el centro se prepara para ir a por conchas a la playa, «¿tenemos el permiso para ir a recoger?», Eva la coordinadora de este centro, nos explica que para ir a retirar conchas de la playa necesitan una licencia, que se la concede la Cofradía de pescadores de Mugardos. Antes se podía ir a la playa a coger conchas, o incluso apartar algas, «ahora, está todo regulado», apunta.
En la calle Real, las mujeres aprovechan la visita de la prensa para cantar su mejor repertorio, lo que más les preocupa es la previsión de lluvia para el domingo, «mujer, con las semana que hemos tenido, ya es mala suerte. Ojalá, descargue bien antes». Ellas siguen cantando y por supuesto tomando el cafecito de tarde, «necesitamos un poco de cafeína para que cojan buen ritmo las tijeras».

La tarde se nos va echando encima, comiendo bolla y cantando, también felicitando el cumpleaños a uno de los señores más veteranos, que cumple 73 años y sigue dándole a las tijeras. Una de las cosas que más llama la atención es la poca participación de hombres en las labores previas, que son en su mayoría mujeres, «no hay muchos hombres en esta tarea, aunque ellos nos traen los ramos de verde, y también el primer corte de las ramas, para que nosotras luego podamos picar», explican en la calle Real.
Otro de los temas es la preocupación por la falta de relevo generacional, «esta tradición implica semanas de trabajo previo y la gente joven prefiere la fiesta», comenta un colaborador de uno de los centros de la calle María.
La tarde está soleada, pero el bochorno ha dejado un paso a una brisa más fresca y propia de aquí, las mujeres cogen sus sillas y salen también a picar al sol, «y echar un cigarrito de paso», « ahora, ya solo queda la cuenta atrás, el chollo ya está virao», comenta Gabriela.

«Ahora nos toca preparar, dulces, cascariila, colacao, aguas y todo tipo de alimentación para que los más pequeños y sus familias pasen la madrugada del sábado montando las alfombras. Y ojalá participe mucha gente, que así podemos irnos todos un poquito antes a casa esa noche», añade sonriendo.
El domingo Ares amanecerá cubierto de flores y color, sus calles olerán a mezcla de pampillo, pétalos, y serrín, pero para que ese día podamos disfrutar de ese arte efimero, las mujeres han estado semanas trabajando y compartiendo un trabajo que todavía hace más valiosa esta tradición.
























