«Lo que está sucediendo en Canido es producto del empoderamiento colectivo»

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TEXTO y FOTOS: ALICIA SEOANE | Ferrol | Miércoles 11 enero 2023 | 12:46

En la asociación de vecinos de Canido siempre pasa algo: en la puerta siempre hay gente que entra y sale, algunas señoras vienen al huerto y otras están entrando en las clases de memoria. Hacia media mañana empiezan a desfilar las esterillas y comienzan las clases de yoga. El centro cívico es un no parar. Es raro no encontrarse a Roberto Taboada, el presidente de la entidad, preparando algo. Ya sea ayudando a montar un escenario improvisado para el festival Festea, revisando que no salga algún toldo volando en los conciertos o hablando con el grupo de las bravas del barrio alto que se juntan los miércoles allí.

El centro cívico se ha convertido en un punto de referencia de cómo hacer dinamización sociocultural desde el barrio. En más de una ocasión, entrevistando a otras personas como Maquinarias Teatro, han comentado como algo muy positivo todo lo que se está cocinando en Canido. Taboada está dentro de la directiva y su pasión por lo comunitario y su experiencia en el mundo de la cultura ayudan a tener una buena perspectiva de saber qué hacer con lo público. Sin duda, las personas desde la proximidad pueden aportar muchas más cosas de las que creemos y así nos lo demuestra, siempre con su tono cercano y entusiasta.

FERROL360 – ¿Cómo llegaste de asesor cultural al Concello de Ferrol?

ROBERTO TABOADA – Siempre que me preguntan esto digo que fue a causa de un divorcio. Cuando llegué de técnico estaba rompiéndose el bipartito de Vicente Irisarri y Yolanda Díaz. Al terminar este gobierno, las concellerías que llevaba Díaz pasaron a Mercedes Carvajales, a la que yo no conocía, pero había trabajado con su hijo en la feria de artes escénicas de Galicia y nos conocíamos por temas de gestión cultural. Es así como acabé aquí, porque era un puesto de libre designación para el que me llamaron.

360 – Entiendo que previamente ya estabas metido en temas de gestión cultural…

RT – Yo ya estaba en Vigo desde el año 2002 haciendo un Festival Alternativo de Artes Escénicas (ALT) y en ese momento tuvo buena acogida porque trabajaba con propuestas menos habituales, sobre todo en la zona de Vigo, porque en otros sitios como Santiago sí se veían este tipo de propuestas. En Vigo no había una programación estable de artes escénicas y las llevaba Caixa Nova. Había un cierto vacío y es donde empiezo a hacer de intermediario con el Concello vigués. También trabajé para la red de teatros alternativos, con la que coordiné una muestra que se realizaba en Zaragoza, y con Víctor Carvajales para la feria de Galicia. Digamos que las cosas fueron pasando por casualidad y mi trayectoria fue siempre muy intuitiva.

360 – Hablas como si todo hubiese sido producto del azar…

RT – Bueno, es que mi trayectoria se fue dando sobre la marcha, tuve que ir aprendiendo lo que la realidad iba imponiendo, no es que tuviese la formación, sino que aprendí sobre el terreno. Me encontré organizando un festival que tuvo muy buena acogida e intuitivamente mi formación iba detrás de lo que la realidad imponía. Yo ya tenía mi plaza como funcionario y todo se iba dando de forma espontánea. Una cosa va llevando a otra.

360 – Supongo que además del azar te gustarían las artes escénicas, digamos que el azar te cogía en el lugar apropiado…

RT – [Risas] Sí, claro, yo no estaba sufriendo mientras hacía esto, a mí todo esto me gusta y por eso lo hacía, pero no fue nada premeditado.

[Cortamos la entrevista porque llega un grupo de personas a las clases de memoria y tenemos que trasladarnos. Encontrar un espacio libre en el centro cívico no es sencillo, vamos de sala en sala. Y, al fina, ¡retomamos la charla].

360 – Entiendo que mientras hacías todas estas cosas seguías con tu trabajo de funcionario o ¿son cosas incompatibles?

RT – Bueno, esto depende, hubo momentos en los que necesitaba una dedicación exclusiva, pero en general yo me dedicaba a todo esto por ocio. Me he podido dedicar a todo esto sin necesidad, siempre he sido un privilegiado. A veces me he sentido un poco como un ocupa, porque no tenía que hacer esto de forma precaria, ni por necesidad. Por ejemplo, cuando estuve en Zaragoza tenía que estar allí en una estancia de un mes y lo hacía coincidir con vacaciones. Siempre fui compensando. He jugado con la ventaja de poder hacer las cosas que me gustaba hacer porque mi trabajo alimenticio ya lo tenía.

360 – Entiendo que cuando entras en el Concello de Ferrol como asesor en un cargo de confianza se producen diferencias en la forma de trabajar y ya no es del lado alternativo, sino que entran en juego otras variables:

RT – ¡Claro! Cambia bastante el cuento. Yo sabía que cuando estaba en la Administración ya no era solo programar lo que me gusta a mí. Llegar aquí es gestionar una programación pública y asumí una intención diferente: programar el mayor número posible de eventos que cubra diferentes sensibilidades artísticas; es decir, variedad para diferentes públicos. En aquel momento, no estaba aún el Auditorio de Ferrol. Durante esos años yo me dediqué a intentar programar con esta visión, pero claro, en este tipo de trabajos luego no hay una continuidad. Yo sabía que tenía que crear una programación para un tiempo determinado. Esto es lo que intenté hacer, quizá algunas cosas con más acierto que otras. Hoy por hoy quizá algunas cosas las plantearía diferente.

360 – ¿En qué sentido?

RT – Es que el tiempo te va enseñando. Ahora, que estoy más vinculado a las proximidad de un barrio como Canido, trabajas desde otra cercanía. Algunas programaciones las veo con cierta frivolidad Me explico: en un barrio trabajas con presupuestos pequeños, con trabajo de mucha implicación por parte de los vecinos y vecinas. Al final, acabas viendo lo que se gasta en un espectáculo de un día y con ese presupuesto se pueden solucionar pequeñas cosas de tres barrios. Quiero decir que te va cambiando la perspectiva.

360 – Hablemos de todo este movimiento vecinal que se está produciendo en el barrio de Canido en los últimos años, ¿cómo acabas en la directiva de la asociación de vecinos?

RT – Pues en junio de 2011 terminó mi cargo de asesor en el Concello y me enamoré de una mujer de aquí. Este es uno de los motivos más importantes para quedarse en un lugar. Yo tenía mi puesto de funcionario en ese momento en Pontevedra, así que me volví a mi trabajo hasta que conseguí una comisión de servicios para poder venirme a Ferrol. Mi pareja y yo tuvimos que mudarnos y justamente encontramos piso en el barrio. Los hijos de mi pareja iban al Cruceiro de Canido, así que desde el ANPA del colegio se fueron produciendo ciertas casualidades, de nuevo.

360 – Más casualidades entonces…

RT – Allí conocimos a gente que eran vecinos del barrio y de ahí se consolidó un grupo muy interesante, con gente joven que quería involucrarse. La primera directiva era prácticamente el 80 % gente del ANPA del colegio. Luego, empiezas a hablar de las cosas que se podrían hacer y empezamos a confraternizar con la Asociación Muíño do Vento. En el 2016, el Gobierno local asignó varios locales en el centro cívico de Canido, uno a esta entidad y otro a la asociación vecinal que, finalmente, no se pudo mudar porque no había todavía conexión a Internet. La directiva saliente mostraba cierto hartazgo porque llevaba años de mucho trabajo y nosotros presentamos una candidatura en ese momento, empezamos a trabajar para darle cobertura al centro y poder mudarnos en junio de ese año, cuando comenzamos con las clases de informática.

360 – ¿Cómo fuisteis haciendo para darle una ocupación y movimiento al espacio?

RT – Pues la verdad es que ha sido muy gratificante. Poco a poco fuimos consiguiendo disponer de más aulas, conseguimos las llaves para darle uso porque había espacios que no estaban cedidos. Fuimos pintando algunas humedades y haciendo el lugar habitable. Una de nuestras premisas era abrir las puertas del centro: si puede usarse este espacio durante diez horas, que no se quede solo en cuatro, porque sería una pena tenerlo sin contenido, ¿no?

360 – Ahora imagino que estáis casi en la situación opuesta, en la que ya no queda prácticamente tiempo disponible para más usos del espacio…

RT – Yo creo que estamos en el momento álgido. A veces, se usa hasta el ambigú porque no hay otros espacios para facilitar actividades; pero claro, hay que pensar que esto es un centro cívico, no un centro cultural, así que no podemos decirle que no a personas que quieren hacer propuestas aquí. Tenemos las que organizamos la propia asociación, pero también otras asociaciones como el coro Concerto Tempo, Capoeira Luanda, Rádio Filispím, Muíño do Vento, Indaga, Asociación Manaia, Xeración, Fuco Buxán… Nuestra idea es facilitar el uso del espacio, que esto esté disponible, ser facilitadores de un espacio público pero autogestionado.

360 – Entonces la autogestión funciona, en Canido al menos…

RT – Aquí la gente que viene sabe que tiene que cuidar el espacio y ser responsable de lo que sucede en él. No hay personal municipal, los monitores tienen llaves y las asociaciones también. Esto es importante porque el profesorado y los usuarios son corresponsables del uso del espacio. Esto se cuida entre todos.

A veces, llama alguien preocupado porque no sabe dónde apagar una luz. Es decir, la gente se encarga de que esto funcione. Por ponerte un ejemplo: aquí en el ambigú alguien coge una bebida y la paga. Yo vengo y veo la caja con el dinero que ha ido poniendo la gente. Los vecinos cuando le das una responsabilidad la asumen y las hacen suya. ¡Esto es importante remarcarlo! Todos somos los propietarios de lo público, no es que por ser público no sea de nadie. Es al revés: es de todos y todos somos responsables.

360 – ¿Cómo se mantiene un centro público de este tipo?

RT – Nosotros tenemos los gastos de agua y uso básico subvencionados por el Concello. Las diferentes asociaciones piden subvenciones y nosotros siempre presentábamos proyectos desde la asociación de vecinos. Por ejemplo, en Participación Cidadá siempre tienen ayudas. Uno de ellos es la huerta comunitaria, que compartimos con más entidades como la AECC, Xeración, el colegio San Rosendo y la parroquia. Este año nos dimos cuenta de que tenemos muchos proyectos diferentes y por eso hemos presentado un solo proyecto que es el centro cívico de Canido como eje vertebrador del barrio.

360 – ¿Crees que este proyecto es extrapolable a otros barrios o hay algo en Canido como la identidad del propio barrio o que ya era un lugar donde se celebraban otro tipo de iniciativas que movilizaban a los vecinos, como las Meninas que ya facilita que haya este tipo de dinámicas? ¿No es necesario que haya expertos o personas que sepan subvencionar estas ideas?

RT – Todas las entidades vecinales conocen cómo subvencionarse y todas presentan sus proyectos para conseguir medios. Obviamente, la identidad del barrio también ayuda, pero es necesario que haya renovación generacional en las directivas. Cuando entra gente joven y con ganas se pueden hacer muchas cosas. Las personas y las ganas son fundamentales para mover las dinámicas de los barrios. Los que estamos ahora en la directiva ya somos de cincuenta para arriba y estamos viendo cómo meter a gente más joven. Hay que ir poco a poco, pero a nosotros nos parece importante. Conviene cambiar la idea de que las juntas directivas sean lugares para los jubilados, tenemos que ir cambiando cierta mentalidad que está ahí de base.

360 – ¿Hacéis intercambio de ideas con otras asociaciones?

RT – Nosotros tenemos un grupo de WhatsApp con otras asociaciones de vecinos de Ferrol, que es lo que llamamos la Interveciñal, porque la idea es trabajar, compartir ideas y conocimientos con otras entidades. A veces, hicimos reuniones aquí y también en Caranza. Ahora bien, el movimiento asociativo y vecinal arrastra un cierto hartazgo y cansancio, causado en parte por lo que decíamos la falta de intercambio generacional. Juntarse y compartir conocimiento es algo que sienta muy bien. Es un avance para todos y nos hace más permeables a otras sensibilidades y formas de hacer. Yo animo a la gente a involucrarse, dedicando el tiempo que cada uno pueda dedicar. Para mí es una suerte dedicar mi tiempo a lo comunitario porque es una pasión. Creo que donde tenemos capacidad de cambiar las cosas es en la proximidad. Es ahí donde podemos poner cierto esfuerzo y eso es lo importante.