Luis Landeira: «ya no se podía escribir con la misma libertad porque el criterio pasó a ser lo comercial»

Su vida como periodista le ha llevado a escribir en las principales revistas y medios como El País, Jot Down, Cinemanía, Vogue, GQ y una lista un tanto más larga que poco le importa
Luis Landeira

ALICIA SEOANE | Lunes 15 de julio de 2024 | 12:20

Luis Landeira es uno de esas personas que podríamos decir que son totalmente ácratas, su vida ha sido un ir y venir de estados totalmente extremos, desde el caos absoluto en la época más punk de la movida madrileña de los años 90. A volver a su tierra y retirarse por completo del mundanal ruido entre libros, y mucho silencio.

Su vida como periodista le ha llevado a escribir en las principales revistas y medios como El País, Jot Down, Cinemanía, Vogue, GQ y una lista un tanto más larga que poco le importa. Su mayor éxito profesional lo alcanzó demasiado joven, lo que vino después quizá ya fue más aburrido, menos excitante, más alejado del punk o de esa fiebre de rabia y excitación que se tiene con 20 años y que se va transformando en un estado latente más resiliente pero no menos sorprendente.

Cuando conocí a Luis Landeira estuve sentada una hora meditando con las piernas cruzadas en el más absoluto silencio, si es que existe, más bien en una escucha de todo lo que sucede cuando te paras. Nunca me dolió más la espalda, sin embargo, esa noche dormí como un bebé.

Más adelante, descubrí que Luis Landeira conocía a una de mis compañeras de la facultad de Periodismo y que también era periodista, entonces quise saber un poco más, cuando quedamos nos fuimos a la cafetería del Parador, lo que iba a ser una entrevista de una hora no más, se prolongó otro tanto. Pido paciencia, pero merece la pena.

 FERROL360. _ ¿Por qué te metes en una Facultad de Periodismo sin aparente vocación?

LUIS LANDEIRA. _ Yo realmente no es que tuviera una vocación muy fuerte de ser periodista, a mí me encantaban los cómics, y el cine. Dibujar no dibujaba bien, y el cine, hice una vez un corto y me di cuenta de que se necesita movilizar a mucha gente y muchos recursos.

Hacia finales de los 80 hay un boom de fanzines, y la realidad es que mi vocación era ser fanzinero, me gustaba la literatura y escribir, y eso eran cosas que podía hacer yo solo. No necesitaba a nadie. Era un buen recurso para que las personas que sin grandes recursos pudieran hablar de temas que no admitían los medios convencionales.

Además, es que ese momento no había internet, así que, si querías hablar de ciertos temas, desde cine de terror o cine extremo, esto no te lo publicaban.

En los 80 hasta los cómics eran algo muy minoritario. Todo esto ha ido cambiando y hoy hay premios nacionales de cómic, pero en aquel momento todo estaba todavía naciendo.

 F360. _ ¿Entonces te vas a Madrid atraído por todo lo que te imaginabas que encontrarías allí?

 L.L._ Yo me fui a Madrid a estudiar y fue una decisión que en ese momento me costó bastante. Pero yo sentía que las cosas que a mí me interesaban estaban allí. Había algo que me podía ofrecer Madrid en aquella época, ciertos universos minoritarios no los había en cualquier lugar. Eran otros tiempos, y en Madrid se estaban cocinando muchas cosas. Yo también lo tenía idealizado, porque alguna vez me había ido  a ver a Prince, a los Rolling Stones o a comprar cómics…

En Galicia solo había Cómics en Santiago, ahora ya hay incluso en Ferrol 2 ó 3 tiendas. De aquella ir a por un cómic era como ir a hacer una peregrinación. Tenía su encanto también cuando lo conseguías, pero nada que ver con la facilidad con la que encuentras las cosas hoy.

F360. _ ¿Cómo fueron esos años allí?

 L.L._ Pues durante la carrera me dediqué a hacer cortos muy raros de terror, muy sanguinarios, estaba en una historia como muy oscurilla, que, además, era difícil de hacer, tenías que mandar a revelar las películas de Super8 a Alemania.

También me metí a hacer programas de radio que lo hacía con un fotógrafo de Moda que se llamaba Ramiro E. Además, en aquella época estaba empezando a surgir un círculo de gente entorno a Juan de Pablos y su programa Flor de Pasión, con grupos pop que cultivaban nuevos sonidos y formaron movimientos culturales en Donosti, Gijón o Albacete y artistas como David Glamour o Mario Feal con los que hice amistad.

Así poco a poco entré en un mundo muy underground, y descubro a gente que no son tan oscuros como el mundo del gore del que yo venía. Eran colectivos como Terry IV, que eran hasta naifs, les gustaban las películas de Peter pan, Eduardo Manos Tijeras, Tim Burton… y así poco a poco acabé metiéndome en el mundo del fanzine.

F360. _ ¿Cómo nace el fanzine Mondo Brutto?

 L.L._ De todo esto que fue germinando acabamos montando un fanzine, que se llamaba Mondo Brutto, que era referido a mundo feo en italiano, y al descubrir todo esto me di cuenta de que era lo que me gustaba hacer de verdad.

Era un fanzine de actualidad bizarra, rara. Lo montamos cuatro personas, una chica que estudiaba filosofía que venía de Carabanchel, otro chico que venía del mundo del punk y era de Villaverde bajo que tenía mucha cultura de la ciencia ficción, y luego otro compañero que era “periodista de verdad” trabaja en informativos Telecinco, y también venía de la cultura del fanzine, de las radios libres…

F360. _ ¿Cómo era el fanzine?

 L.L._ Hicimos un fanzine muy voluminoso, grande como un libro, con hojas en color amarillo, portada y contraportada en color, y empezó a venderse muy fácil y a crecer…

En ese verano yo me había venido a hacer prácticas en la Voz de Galicia, y tuve suerte porque me dieron mucha cancha, me dejaron escribir locuras, y bastante libertad. Ahí tuve mi primera amenaza de juicio con un Rector de la Universidad…. En fin, empecé fuerte.  El caso, es que, al llegar a Madrid, lo que quería era continuar con el fanzine.

F360. _ ¿Cómo empezáis a daros cuenta de que se os está yendo de las manos?

 L.L _ Pues se vendían como 4.000 ejemplares que eran muchísimos para un fanzine. Hay que ver que era un producto totalmente transversal, con entrevistas larguísimas que luego nos copiaron la Jot Down, (reconocido por ellos, se ríe), Por eso luego me llamaron de la Jot Down para colaborar… Piensa que cualquier fanzine suele tener una tirada de unos 300 ó 400 ejemplares. Lo que sucedió con Mondo Brutto fue como ¡un fenómeno! Tenía un tono irreverente, a veces insultante, muy punk en el sentido rompedor, del término. Además era todo «Do it yourself». Nosotros decidíamos los colaboradores, el contenido, éramos totalmente independientes…

F360. _ ¿Qué personas colaboraron con vosotros?

 L.L _ Tuvimos colaboradores como Álex de la Iglesia, Alaska, Santiago Segura, personas que voluntariamente querían escribir porque eran fans. Era una revista que la compraba gente que hacía cine, música … personas que estaban dentro del mundo de la creación. Yo flipaba con 22 años viendo que venían famosos como Álex de la Iglesia a comprar a comprar el fanzine cuando poníamos un puesto en Morocco, la discoteca de Alaska, también lectora del fanzine.

F360. _ ¿Qué temas te gustaba tratar a ti en el fanzine?

 L.L _ Pues a mí me gustaba hacer algo que fuese muy visceral, sin ningún tipo de límites, con influencias de las vanguardias españolas, como Jardiel o Gómez de la Serna, pero siempre de forma libre, independiente con un punto muy punk. Mezclando todas estas influencias nos salió algo nuevo, podías decir lo que te diera la gana, soltar la rabia, éramos muy anti todo, siempre rechazando que tuviera un carácter comercial…

F360. _ ¿Nunca llegasteis a ganar dinero?

L.L _ Llegamos a ganar dinero, pero siempre para reinvertirlo en el coste del fanzine. Éramos unos brutos a nivel financiero, ¡nunca mejor dicho!. No sabíamos cómo hacerlo rentable a nivel económico. Rechazábamos ser un producto comercial. También nos metían publicidad, pero era un dinero que era muy poco realmente. Llegamos a hablar incluso de montar una redacción, pero no llego a cuajar. Y también escribimos un artículo sobre Subterfuge, el sello discográfico, por el que nos demandaron y tuvimos que meter mucha pasta en pagar este juicio. Subterfuge, eran amigos, y no nos llevábamos mal, pero…

F360. _ Pero… ¿qué pasó?

L.L _ Pues está todo escrito en un libro que se llama Pequeño Circo, que es un libro coral, en el que yo participo mucho. Toda esta época fue muy virulenta, ers en un momento en el que se mezclaba todo con muchas anfetaminas y drogas de por medio. Nos sentíamos endiosados, éramos muy jóvenes, y nos creíamos como si fuésemos unas super estrellas, empezamos a mofarnos y meternos con todo el mundo.

Y escribí un artículo sobre discográficas independientes, pero criticándolas a todas. ¡Las pusimos a todas de vuelta y media! Ser anti todo era casi como una forzada. Siempre sentí como vergüenza a decir algo bueno de alguien. Mi relación con la gente que me gustaba era violenta, ¡era darles más caña! Y así pasó con Carlos Galán, director de Subterfuge.

F360. _ Te salió cara la broma entonces…

L.L _ Metimos un fotograma de él en pelotas que le dio mucha rabia, y nos empezó a marginar. Nos hizo más jugarretas, como no poder ir a poner un puesto en un festival, etc… Así que en el décimo aniversario de Subterfuge le pregunté si le podía hacer una entrevista, y se puso como un loco cuando se lo propuse. Para él todo lo que hacíamos era hacer daño a una industria que estaba naciendo.

Así que hice como un cuento de navidad de Míster Scrooge pero con él de protagonista. En fin, que conté la historia del sello. El artículo tuvo mucho éxito, pero bueno acabamos muy mal, él acabó lanzándome, cosas por el aire. Y me vetaron la entrada en ciertas salas de Madrid donde a mí me gustaba ir a conciertos.

Me empecé a buscar muchos enemigos y me convertí en persona non grata. Lo siguiente que recibí fue una citación judicial…

F360. _ ¿Cómo terminó el caso?

 L.L _ Se enrareció mucho todo, y tuvimos que poner pasta, y dejó de resultar gracioso. Cuando salió el juicio yo ya estaba en la revista GQ, y estaba en otro momento, recuerdo que antes de ir al juicio, yo ya estaba con la cultura japonesa muy metido. Y al final ganamos el juicio. Hubo una época que, si salías en nuestro fanzine y te criticaban, era algo muy fuerte porque te leía mucha gente, así que empezó a generarse un ambiente muy tenso…

Al final yo sentí que esa época fue una manera de tirar piedras contra todos, pero no era mal intencionado, era con humor, y sin saber que esto iba a caer tan mal. Cuando vi que había gente que me insultaba, y me decían de todo en la calle…me di cuenta de que quizá había ido demasiado lejos, pero yo tenía la sensación de que hacía lo correcto…

F360. _ Ya… ¿puedes acabar volviéndote un fanático no?

L.L _ Sí, de alguna manera yo siento que para hacer algo que sea verdadero tienes que hacerlo con todo y de forma fanática, no puedes quedarte a medias…Por eso acabé fichado en GQ,  porque era cañero, no tenía filtros, era eso bruto. Eran otros tiempos, ahora mismo haces esto y te cancelan en todo, pero eran otros tiempos…

F360. _ ¿Cómo era el ambiente de la GQ?

L.L _ Mira entre el año 2000 hasta 2007, yo estuve trabajando en la GQ y no tenía nada que ver con lo que es una redacción hoy. Había mucha gente que venía del mundo de la farándula, la gente cerraba las redacciones y se iban de fiesta.

Te puedes imaginar muchas sustancias de por medio, era todo otro mundo diferente a lo que vemos hoy. Era como Miedo y asco en las Vegas. Fue un momento en el que las redacciones tenían un poder. Más adelante los gabinetes de publicidad y marKeting se metieron en las redacciones, mucha gente comienza a trabajar desde casa, ya no se podía escribir con la misma libertad porque el criterio pasa a ser lo que se vende. Es increíble porque estuve 7 años allí, y yo pensé que no iba a durar nada.

F360. _ Luego acabas de colaborador, ¿no?

L.L _ Sí, al principio yo estaba mucho en la calle, pero luego cambian las redacciones y me veía sentado muchas horas sin hacer nada. Y me puse como autónomo, en una época en la que te pagaban 300 euros por una página. Colaboré en Cosmopolitan, Rolling Stone, más tarde en Jot Down…

F360. _ ¿Cómo termina todo este periplo en Ferrol?
L. L _
Pues, por diferentes razones acabo metido en el Zen, y cambiando mucho mi estilo de vida, de alguna forma toda mi vida más literaria acabó quedando relegada.La experiencia del silencio acabó fulminando mucho mi interés por la palabra.

Continué trabajando en prensa, y sigo colaborando con Cinemanía, Vozpópuli, La Gaceta…

Supongo que me fui buscando un estilo de vida más tranquilo, en donde yo pudiera sentir que me entregaba de pleno a vivir en el sentido más literal de la palabra.

Ese momento me coincide todo con la crisis de la prensa, y todo se fue dando para que hiciese estancias alternas entre Madrid y Ferrol. En ese momento me encargan un libro que era una parodia de cómo ligar que ya escribo enteramente desde aquí… Y la vida me fue devolviendo a mi origen.

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