Publicidad

Mañu: «Las canciones no se acaban, se abandonan»

Corinto, es el primer álbum de Mañu, diez temas cocinados a fuego lento, entre dudas y vivencias. Javier Mañueco es madrileño, e hijo adoptivo de Mugardos, como él mismo reconoce. Aquí ha encontrado también una escena musical que reivindica con entusiasmo y un lugar desde el que seguir escribiendo canciones.

El próximo 17 de julio, a las 22.30 horas, presentará Corinto junto a su banda en La Ola Beach Club, en Gandarío, después de haber estrenado el directo del disco el pasado febrero en la sala Hangar 48 de Madrid.

No llega con un repertorio de versiones para conquistar al público. Todo lo contrario. Ha decidido que el concierto esté formado íntegramente por canciones propias. «Vamos a hacer la presentación completa del disco y también tocaremos algunos temas inéditos que todavía no están publicados», explica.

Una banda que fue creciendo alrededor de las canciones

Aunque el proyecto se presenta bajo el nombre de Mañu, nunca ha sido un camino en solitario. (En la guitarra: Carlos Navas
en la batería le acompaña Jorge Murillo, y al bajo, Joss). Las canciones nacieron de sus composiciones, pero alrededor de ellas fueron apareciendo músicos que terminaron convirtiéndolas en algo mucho más grande. Carlos Navas lleva años acompañándole en la producción y es incluso coautor de uno de los temas. Más recientemente se incorporó el batería Jorge Murillo, aportando nuevas ideas a las grabaciones. «Ellos fueron sumando cosas a las canciones. Empezó siendo un proyecto muy personal, pero ahora ya es una banda que enriquece todo el proceso».

«Las canciones no se acaban, se abandonan»

Habla de la grabación del disco sin épica. Más bien con la sinceridad de quien reconoce que crear también desgasta. El mayor reto no fue encontrar músicos ni grabar las canciones. Fue decidir cuándo estaban terminadas. «el problema más grande fue saber ponerles un punto final. El perfeccionismo a veces se convierte en tu peor enemigo», reconoce.

Y entonces aparece una de esas frases que resumen toda una filosofía creativa: «Las canciones no se acaban, se abandonan»

La dice despacio, como si todavía siguiera convenciéndose de ello. Porque entiende perfectamente esa sensación de querer retocar una mezcla una vez más, cambiar una guitarra, volver a grabar una voz. Pero llega un momento en el que las canciones dejan de pertenecer al músico para empezar a pertenecer a quien las escucha.

De tocar con su padre a escribir sus propios temas

La música llegó muy pronto a su vida. Su padre tenía un grupo de versiones y cuando el guitarrista dejó la banda, el adolescente Javier ocupó su sitio. «Mi padre me transmitió la pasión por la música. Con dieciseis años empecé tocando con ellos y ahí empezó todo». Primero fue la guitarra.

Después llegaron las canciones. Y, como casi siempre, nacieron de la necesidad de entender lo que pasaba alrededor. «Comecé a componer como una forma de desahogo. Al final escribir canciones también sirve para liberar lo que llevas dentro».

Componer en castellano, sin esconderse

Como tantos músicos de su generación, empezó escribiendo en inglés. No porque fuese la lengua en la que pensaba, sino porque le protegía. «Al principio escribía en inglés para camuflarme un poco», admite entre risas. Con el tiempo dejó de esconderse.

Hoy todas sus canciones nacen en castellano. «Es mucho más natural para mí. En inglés siempre estás traduciendo lo que sientes. En castellano estoy Hablando en mi propia lengua y eso se nota».

Su sonido se mueve entre el pop rock clásico y el rock de guitarras que marcaron varias generaciones. Las influencias aparecen enseguida: Fito & Fitipaldis, Leiva, M-Clan, Los Rodríguez, Tequila, Queen, Scorpions, Deep Purple o Nickelback.

No reniega de otros estilos, pero sabe perfectamente dónde se siente cómodo.

«Tu luz»

Si tuviera que quedarse con una sola canción del disco, elegiría Tu Luz. Será además el próximo sencillo, previsto para finales de agosto.

No porque sea la mejor. Sino porque representa el momento en el que se encuentra ahora. «Habla de autosuperación, de esperanza y también de decatarte de que a veces ya tienes aquello que llevas tanto tiempo buscando».

La canción nació mientras veía cómo uno de sus amigos conseguía salir adelante tras una etapa especialmente complicada. «Cada uno tiene su propia luz. Para unos será un trabajo, para otros una amistad o simplemente sentirse bien consigo mismos. Esto es Tu Luz».

Un disco que empezó llamándose de otra manera

Hasta el propio título del álbum tiene una historia improbable. Todo comenzó con un mechero. Un amigo le pidió uno de color ‘corinto’. Javier no sabía ni que existía ese tono. Descubrió después que era ese rojo oscuro, cercano al granate, y aquella palabra se quedó resonando durante semanas.

El diseño del disco terminó jugando con esa idea, incluso con un logotipo cuya letra invertida recuerda a unas manos sujetando un cigarrillo. Después llegaron otras asociaciones inesperadas: el nombre sonaba casi como uno de aquellos antiguos modos musicales griegos. Ninguna era la explicación definitiva. Todas, de alguna manera, acabaron formando parte de Corinto.

Tras el estreno madrileño, el concierto de Gandarío será la verdadera puesta de largo del proyecto en casa. Sin artificios. Sin versiones.Solo canciones propias. Canciones que tardaron años en llegar hasta aquí. Canciones que, como dice Mañú, quizá nunca llegaron a terminarse del todo.

Simplemente hubo un día en que decidió abandonarlas para que empezaran a ser también de quienes las escuchen el próximo 17 de julio, frente al mar. Porque, al fin y al cabo, ahí es donde empiezan de verdad los discos. Cuando dejan de pertenecer al músico y encuentran a alguien dispuesto a hacerlas suyas.