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Mónica Naranjo desgarra las gargantas de su público y lo cautiva a pesar de la hora de retraso

REBECA COLLADO | Ferrol | Domingo 24 agosto 2014 | 17:12

Si alguien más en la sala está afónico por haber gritado, que no cantado, como un poseso en el concierto de Mónica Naranjo durante la noche del sábado que levante la mano. No soy la única, lo sé de buena tinta, que os vi a muchos darlo todo y más con las míticas canciones de la artista. Y es que Naranjo nos puso el corazón en la garganta, nos hizo saltar y bailar en un concierto im-pre-sio-nan-te. Y eso que la cosa empezó con mal pie.

La actuación arrancó con una hora y diez minutos de retraso. El público se impacientaba por momentos y se pudo oír alguna pitada, bastante tímida en mi opinión, teniendo en cuenta el tiempo de espera. Tampoco ayudaban a presagiar el éxito los espacios vacíos que se podían ver en la plaza de España. La escasa afluencia de público era más que evidente. Desde la organización afirman que se vendieron 3.000 entradas y que el aforo de la plaza vallada era de 7.000 personas.

Pero nada de eso importó cuando Mónica Naranjo apareció ante su público bajando unas escaleras para pisar el escenario. Con las primeras frases de Europa ya estábamos todos encandilados y su aria de amor nos dejó claro que de su garganta salen notas imposibles de copiar por el resto de los mortales. Por si alguno tenía alguna duda. Primera canción y ya se metió a todos los asistentes en el bolsillo que coreaban su nombre y no dejaban de aplaudir.

«Boa noite. Obrigada», dijo la artista y todos nos quedamos un poco de piedra al tiempo que nos reímos. Naranjo continuó: «sé que es tarde, pero nos os podéis dormir. No dejéis de saltar y cantar». Dicho y hecho. Como si fuera un mandamiento, todos los que estábamos allí berreamos y seguimos el ritmo frenético de la cantante que vestía un mono gris con un cinturón metálico y melena al viento.

Con Todo mentira y Usted dejó bien claro que nada queda de la faringitis que la obligó a suspender varias actuaciones. También demostró a lo largo de todo el concierto que la puesta en escena del Tour 4.0 es impecable y el sonido abrumador. Acompañada de estupendos bailarines y unos coristas increíbles, Mónica Naranjo fue generosa en todo momento con su equipo dándoles protagonismo y pidiendo para ellos los aplausos que merecieron.

La artista también interactuó mucho con su público. No dejó de hablar, de introducir algunas canciones y de bromear con los asistentes que se encontraban más cerca del escenario. Así, soltó: «no sé cuántas personas esta noche “entienden”. Dicen que son el 30 %». De esta forma presentaba un «himno» para muchos con el que «reivindicar lo que somos». Llegaba el momento de una de las canciones insignia de la cantante: Entender el amor.

Mónica Naranjo hizo cantar y bailar a su público de Ferrol (foto: Juanpa Ameneiros)
Mónica Naranjo hizo cantar y bailar a su público de Ferrol (foto: Juanpa Ameneiros)
Mónica Naranjo derrochó potencia vocal y encandiló al público de Ferrol (foto: Juanpa Ameneiros)
Mónica Naranjo derrochó potencia vocal y encandiló al público de Ferrol (foto: Juanpa Ameneiros)

Sobre el escenario, Mónica Naranjo no escatimó en gorgoritos, los bailarines portaban unas luces que daban más dramatismo a la interpretación y el público enloqueció. Todos saltaban, coreaban la canción y hacían suyas cada una de las estrofas como esa que dice: «Aprender, algo en la vida; entender, a tope el amor; Inventar, una ilusión…».

Después de este subidón, la artista descansó unos minutos pero el show continuaba. Dos grandes cubos de tela se situaban a ambos lados del escenario y sirvieron a los bailarines para hacer una baile de sombras sensual y muy bonito. A esas alturas ya nadie recordaba que el concierto había empezado con tanto retraso y cuando sonaron las primeras notas de Desátame los asistentes se prepararon para desgañitarse y gritar a los cuatro vientos de la plaza de España aquello de: «no pararé, yo me muero por tener algo entre tú y yo; algo contigo; ayy amorrrr».

De nuevo la puesta en escena fue increíble. Mientras la cantante nos dejaba atónitos con semejante capacidad vocal, una bailarina aprisionada en una tela elástica por otro bailarín luchaba a lo largo de todo el escenario por escapar de esa atadura. Finalmente lo consiguió y corrió a abrazarse a Mónica Naranjo. La cantante nos presentó a Irene y todos le aplaudimos por su magnífico trabajo e incluso coreamos su nombre.

Y sonaron los ritmos orientales de Kambalaya con los que las caderas se soltaron y empezaron a moverse. Cuando finalizó, un chico gritó a Mónica Naranjo: «Viva la madre que te parió». Ella rió y le dijo «pero si tienes más voz que yo. Se lo diré». Después alguien le pidió que felicitara a una tal Leonor o Eleonora, no quedó claro, y la cantante bromeó con un grupo de niñas y les que dijo «estáis muy revolucionadas. Sois hormonas con patas».

La única balada de la noche fue Rezando en soledad, una canción muy especial porque se compuso en «un momento muy bonito», aseguró. Y del momento más dulce, pasó al «momento más insoportable de mi carrera» con Amor y lujo. La artista hizo una nueva parada y una gimnasta recorrió el escenario de lado a lado dando saltos mortales y piruetas varias. De nuevo, el cuerpo de baile se llevó el reconocimiento del público.

«Tengo el ansia de la juventud; tengo miedo, lo mismo que tú; y cada amanecer me derrumbo al ver la puta realidad» y al cantar esas frases Mónica Naranjo llevó a su público a lo más alto. Era el momento que todos esperábamos para decir alto y claro: Sobreviviré. Si aún quedaba algún escéptico entre los asistentes o entre aquellos que vieron el concierto desde las ventanas de los edificios de la plaza, en esos cinco minutos el huracán Naranjo se los llevó de calle. Y es que su talento, fuerza y sentimiento es innegable.

Cambio de tercio y de idioma, la cantante interpretó Make you rock en la que los coristas tuvieron mucho protagonismo y demostraron su potencia vocal. La gente se lanzó a bailar como si la plaza fuera la mejor discoteca de la ciudad. Cuando finalizó, Mónica Naranjo hizo un amago de despedida, el público le dijo que nanai de la China y ella anunció que la última canción era Pantera en libertad. Todos gritamos hasta el límite de nuestras gargantas el «yo vivo en libertad».

A las 00:23 horas se desplegó un telón y el público pidió «otra, otra» y «queremos más». Unos seis minutos después apareció y dijo: «me estaba poniendo el pijama». Todos reímos. Advirtió que «falta una» y los asistentes le pidieron Solo se vive una vez. Mónica Naranjo sacó toda la artillería y el escenario se llenó de energía, potencia y luz. Con un «boa noite e moitas gracias Ferrol» se despidió.

Una hora y media después de haber comenzado el concierto, Mónica Naranjo nos dejó exhaustos, con la sensación de haberlo pasado genial y con la garganta dolorida porque como ella pocos pueden cantar. Se echaron de menos canciones como Las campanas del amor, Empiezo a recordarte o If you leave me now, pero si las hubiera cantado una servidora hoy estaría muda.