STELLA MARTINEZ | Lunes 17 de noviembre de 2025 | 13:39
Hace un mes que el nombre de Sandra Peña, una niña sevillana de 14 años, dejó de ser el de una estudiante más para convertirse en un símbolo doloroso: el de una víctima que denunció bullying y, aun así, no fue protegida.
Su suicidio el 14 de octubre —y la investigación abierta por la Fiscalía sobre la implicación de tres menores y la posible inacción del colegio, que según la Junta de Andalucía no activó ni el protocolo antiacoso ni el de riesgo autolítico— ha golpeado a familias y centros de toda España.
Y también ha encendido las alarmas en Galicia, donde educadores y administración insisten en una idea: las herramientas de prevención.
Desde la Consellería de Educación, la inspectora María Victoria Suárez Taibo repite varias veces que la activación del protocolo es un paso técnico, necesario, pero no la esencia del sistema: «Lo importante es la prevención del conflicto», asegura.
El proceso empieza cuando alguien —un familiar, un alumno, un profesor o incluso alguien anónimo a través de los puntos naranjas— comunica una sospecha. Pero la vigilancia empieza mucho antes.
El engranaje invisible: cómo se activa y se investiga un caso de acoso en Galicia
Cuando un centro recibe una denuncia, se activa un engranaje silencioso y rápido que en Galicia conocen bien.
Lo primero es formar el equipo ACAE: docentes con formación específica, junto al coordinador de bienestar, que analizan el caso desde distintos ángulos.
A la presunta víctima se le asigna un acompañante, alguien cercano dentro del centro que esté a su lado durante todo el proceso y antes de decidir si se activa o no el protocolo, se escucha, se entrevista.
Las entrevistas a víctimas, posibles agresores y testigos permiten realizar una primera valoración y determinar si se confirma el acoso o si se trata de otro tipo de conflicto. «En caso de duda, siempre se sigue adelante», recalca la inspectora Suárez.
La administración recuerda que, aunque el número de casos no confirmados es mayor a los de confirmación de acoso escolar, se aplican procesos correctores tanto en una situación como en la otra: cambios de grupo, expulsiones temporales de un mes o incluso cambios de centro para el presunto agresor.

En las aulas de Ferrol: atención constante y un tejido de prevención
Estos días, en Ferrol, las preguntas se multiplican en los institutos. En el IES Breamo, con sus quinientos estudiantes que llenan las aulas y los pasillos, no hay alarma; pero sí hay atención.
Su director, Ramiro Piñeiro, explica que los datos más recientes muestran una mejora progresiva en el clima escolar.
A su lado, Lucía Fernández, la orientadora y vicedirectora, detalla la delicada arquitectura que sostiene la convivencia: sociogramas, reuniones de claustro, entrevistas a los colegios de origen y herramientas de prevención como el programa Titor Axudante, donde alumnos de tercero acompañan a los de primero.
La clave, insisten, está en activar los mecanismos de comunicación y en fomentar la valentía.
«Sen espectadores non hai acoso», recuerda Ramiro, animando a la comunidad educativa a avisar siempre que detecten una señal de alerta.
«El profesorado está para enseñar, pero también para proteger y acompañar»
Pero si algo inquieta al profesorado son las redes sociales. Allí, donde no llegan ni los muros del instituto ni las reglas visibles de la convivencia, los conflictos se magnifican.
Por eso colaboran con la Guardia Civil y con colegios profesionales para enseñar a familias y alumnado que un mensaje hiriente puede amplificarse en segundos.
Activar un protocolo de acoso cuando hace falta es un proceso minucioso: entrevistas, observación de zonas de riesgo, recopilación de pruebas digitales y valoración del desequilibrio de poder.
En el IES Breamo no ocurre a menudo, pero eso no significa bajar la guardia. En todos los casos, el seguimiento es obligatorio. «Decidir si hay o no hay acoso no es el final, tenemos que estar ahí».
Lo que sí es claro para todos es que la convivencia escolar no es un trámite, sino un clima que se cultiva. En el instituto hablan de escucha, de reparación del daño, de responsabilidad compartida.
En Ferrol y su comarca, tanto la Consellería de Educación como los centros educativos coinciden en lo mismo: la prevención salva.
Por eso, la Consellería sostiene un mensaje central: «Es inviable permitir que una persona que sufre acoso escolar continúe sufriéndolo después de aplicar las medidas».
Y quizá, por eso, la frase de uno de los docentes del Breamo resuena como una brújula necesaria:
«Con prevención y escucha podemos llegar muy lejos, una respuesta rápida y humana, porque el acoso no tiene espacio».