«Un poema por una moneda»: venden versos por las calles de la Magdalena

Ángelis poniendo «cara de poeta» en mitad de la calle del Carmen (foto: M.C.)
Ángelis poniendo «cara de poeta» en mitad de la calle del Carmen (foto: M.C.)

M.C. | Ferrol | Martes 17 abril 2018 | 12:57

La poesía es un bálsamo para el alma del que la lee y, de especial manera, para aquel o aquella que la escribe. Caminar por Ferrol con la vista levantada de los adoquines aún a riesgo de esnafrarse te devuelve la imagen de una ciudad bien distinta a la que hemos asimilado. Descubrir una galería nueva, una gárgola que asoma bajo una cornisa, un balcón al que ya ha llegado la primavera. O, como me ocurrió hace unos días, tropezarse con un hombre que vendía versos.

Ángelis se cruzó en mi camino en la calle del Carmen y, ante tal reclamo, no pude más que pararme a escuchar su historia. «¿Cómo te llamas?», preguntó para adaptar sus poemas a mi realidad, para seguir recitando después: «Luego desplegó sus alas para volar, planeando alto entre los vientos del cielo azul intenso». Su voz, los periodistas diríamos que radiofónica, y su pose de poeta maldito hacía girarse a todos los que se cruzaban con la insólita escena.

No les culpo, en un pueblo donde la monotonía es lo normal, cualquier cosa que se salga de los estipulado en este guión pactado a diario cual show de Truman nos hace entornar los ojos. Compré sus poemas, los mismos que me había recitado con un leve deje andaluz que me hizo preguntarle de dónde venía. En efecto, Ángelis -su verdadero nombre no me lo quiso dar, quizás era más de mentira que este-, había vivido muchos años en el sur, bastantes más de los que deseó en el aeropuerto de Málaga.

Hasta que cambie el viento

Ahora, estaba en Ferrol junto a su hermano gemelo -que también se gana la vida con esto de la poesía callejera-, porque «aquí tenemos muchas más facilidades». Se alojan en el refugio Pardo de Atín y estarán por estos lares hasta «que se nos agote el tiempo de estancia». O, poniéndole un toque más poético, hasta que cambie el viento. De hecho, con la veleta girando de este permanente aire del sur hacia el este, quizás ya hayan volado con sus poemas a otro lugar.

«Cuando dormí por primera vez en la calle y una señora vino a darme limosna, le dije que no, que yo sabía hacer cosas y no quería aceptar la caridad de nadie. Así que fue ahí cuando se me ocurrió lo de los poemas. No me gusta pedir, así que los vendo a cambio de la voluntad». Pasó también bastantes años en Madrid, pero la cosa allí se estaba poniendo «peligrosa para los que vivimos en la calle, así que vinimos al norte», relata.

En las hojas fotocopiadas que me dio, donde sus versos se leen en mayúsculas, también está anotado su número de móvil, al que pide que le manden SMS. «Si alguna vez te ves en una situación parecida a la mía, si te ves en la calle, si necesitas mi ayuda, llámame», me dijo al despedirnos. Siempre me ha parecido extraordinaria la generosidad de los que no tienen nada, aunque no sea el caso de Ángelis. Él, como ya os habréis imaginado, tiene un montón de versos en los bolsillos, así que se pasea por Ferrol con el alma llena.