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Una familia reclama la falta de atención a las necesidades de una niña de tres años en un campamento municipal

Por Blanca González Crespo

Quiero dar a conocer una situación que hemos vivido este verano con mi hija, de tres años, durante su asistencia a un campamento municipal. El problema surgió a raíz de una conversación con las monitoras del campamento relacionada con las necesidades de higiene de mi hija.

Las monitoras me comunicaron que ellas no estaban allí para cambiar a mi hija si se hacía pis. Ante esto, quiero dejar muy claro que en ningún momento les pedí que asumieran como obligación cambiar a mi hija ni que se encargaran de ella de una manera especial.

Lo único que les pedí fue que, teniendo en cuenta que Alba tiene solamente tres años, estuvieran pendientes de ella para intentar evitar que se hiciera pis encima y que, si veían que necesitaba ir al baño, la avisaran o la acompañaran.

Mi hija tiene tres años y, aunque utiliza el baño, todavía puede tener algún escape. Considero que es una situación completamente normal a esa edad.

Mi problema como madre es que yo estoy trabajando y no puedo abandonar mi puesto de trabajo cada vez que mi hija tenga un escape para acudir al campamento a cambiarla. Precisamente uno de los motivos por los que las familias utilizamos este tipo de servicios es para poder conciliar nuestra vida laboral y familiar.

Por eso me sorprendió la respuesta recibida. No estaba solicitando un servicio de cambio de pañal ni que las monitoras se encargaran de su higiene personal. Estaba pidiendo algo tan sencillo como que tuvieran en cuenta que se trata de una niña de tres años y estuvieran pendientes de ella para prevenir, en la medida de lo posible, que se hiciera pis encima.

Además, esta situación me resulta especialmente difícil de entender porque hemos podido comprobar que en otros campamentos del mismo Ayuntamiento se han dado facilidades diferentes a las familias. Durante el mes de agosto, por ejemplo, en el campamento de la A VV de Esmelle había menores que podían entrar antes del horario establecido y, según hemos podido conocer, cuando algún menor tenía un escape y se hacía pis o caca, se procedía a cambiarlo en el propio campamento.

Por tanto, lo que cuestiono no es que exista una norma determinada, sino que no exista un criterio común para todos los menores que participan en campamentos del mismo Ayuntamiento y que una familia pueda encontrarse con unas condiciones diferentes dependiendo del campamento al que acuda su hijo.

Ante esta situación presenté una reclamación ante el Ayuntamiento. Posteriormente, desde el departamento correspondiente se pusieron en contacto conmigo y me comunicaron que iban a buscar una solución.

Agradezco que hayan atendido mi reclamación, pero considero importante hacer pública esta situación porque, a día de hoy, mis hijos no van a volver al campamento. Yo no puedo estar trabajando y, al mismo tiempo, pendiente de tener que abandonar mi puesto de trabajo para acudir a cambiar a mi hija si tiene un escape.

Lo que considero especialmente injusto es que se pueda interpretar mi petición como una solicitud para que las monitoras “cambien” a mi hija, cuando lo único que pedí fue que estuvieran pendientes de una niña de tres años para ayudar a prevenir una situación que, por su edad, puede ocurrir perfectamente.

No busco perjudicar a nadie con este escrito. Mi intención es que se conozca lo sucedido y que se revise la forma en la que se atienden estas situaciones en los campamentos municipales.

Creo que cuando hablamos de niños pequeños debemos tener en cuenta sus necesidades y su edad, y que los servicios destinados a facilitar la conciliación deben poder utilizarse realmente por las familias que trabajan.

Como madre, simplemente considero que pedir que estén pendientes de una niña de tres años para intentar que no se haga pis encima no es pedir un trato especial, sino pedir un mínimo de atención acorde con su edad.

Todo esto se ha puesto en conocimiento del ayuntamiento a espera de una contestación.