Ángel del Río | Lunes 16 de febrero de 2026 | 8:10
En el imponente escenario del Heliodoro Rodríguez López, el CD Tenerife y el Racing Club de Ferrol firmaron un duelo de máxima tensión que se resolvió cuando el empate parecía inamovible. Un gol de Zalaya en el minuto 87 desató la locura visitante y silenció a la parroquia blanquiazul con el definitivo 0-1.
El Tenerife trató de mandar desde el inicio, con posesiones largas y amplitud por bandas para encontrar grietas en el entramado defensivo gallego. El Racing respondió con un ejercicio de disciplina táctica: líneas juntas, ayudas constantes y una concentración que complicaba cada intento local.
La primera mitad dejó pocas ocasiones claras y mucho rigor estratégico. Los insulares lo intentaban con centros laterales y disparos lejanos, mientras los ferrolanos buscaban transiciones rápidas para sorprender a la zaga rival. Más que fútbol vistoso, el partido ofrecía tensión competitiva.
Tras el descanso, el conjunto canario dio un paso adelante. Adelantó líneas, presionó más arriba y por momentos encerró al Racing en su campo. La grada empujaba, consciente de la importancia de los puntos, pero el equipo visitante resistía con personalidad, convirtiendo cada recuperación en una oportunidad para respirar y salir al contragolpe.
El encuentro entró entonces en esa fase en la que cualquier detalle podía decidirlo todo. Y llegó. Minuto 87. Acción a balón parado. Zalaya apareció para rematar al fondo de la red con precisión quirúrgica. El golpe fue seco para el Heliodoro y pura euforia para el banquillo verde.
Los últimos minutos fueron un asedio local, más impulsivo que claro, pero el Racing defendió la ventaja con solvencia hasta el pitido final, firmando tres puntos de enorme valor.
Cien gargantas que valieron un tesoro
La victoria tuvo también un componente emocional fuera del césped. Cerca de un centenar de aficionados racinguistas recorrieron más de 1.800 kilómetros para acompañar al equipo en la isla. No dejaron de animar en todo el partido y celebraron el gol como si el estadio fuera A Malata.
Su presencia simbolizó el compromiso de una afición que convirtió el desplazamiento en una demostración de fidelidad. Para ellos, el 0-1 fue mucho más que un resultado: fue la recompensa a un viaje largo, costoso y apasionado.
El Racing regresa a Galicia con una victoria de prestigio y el impulso anímico de saberse competitivo lejos de casa. Próxima cita, el viernes 20 a las 19:00 horas en el Estadio de A Malata ante el Celta B.
¡Aupa Racing!
