
RAÚL SALGADO | Ferrol | Viernes 19 mayo 2017 | 14:15
Esgrime frases con aguijón, pero no llega a los fuegos de artificio. Carga contra los poderosos y se arma con la reivindicación de los de abajo que aportan pequeños granos de arena, grandes en realidad. Bautizado como «el cirujano milagro», Pedro Cavadas ha llenado este viernes la sala en la que ha hablado sobre medicina y causa humanitaria.
El médico ha visitado la Fundación Exponav para intervenir en una jornada de la Cátedra Jorge Juan. Allí ha lanzado preguntas, como si «es mejor que un masai vaya al colegio y lo metamos en la trituradora globalizante» o que se pueda «permitir que viva una vida digna con valores culturales centenarios».
Conoce el terreno y su realidad: su fundación trabaja desde el norte de Tanzania, como antes lo hizo en Kenia, de donde se retiró por las amenazas de secuestros. Del continente ignorado apunta que «ser mujer es solo un gramito más que ser un burro», pero admite que «el mundo real es feo».
Obligados a ayudar
Hablando de solidaridad, ha reprochado Cavadas que se sitúa «la barrera a partir de la cual uno debería estar obligado a ayudar siempre por encima de lo que tiene uno». Afea «la excusa de que no se puede hacer nada» y las críticas a millonarios como Amancio Ortega por sus contribuciones a causas sociales.
A su juicio, «es loable porque es un dinero que podría haber dedicado a lo que quisiera; ya me gustaría que toda la gente que le quita mérito se lo aplicara». Su tono en clave de censura ha persistido al sostener que «repartir abrazos y sonrisas es enternecedor, pero no soluciona la vida». No pasa de ser algo «gaseoso», en su opinión.
«Un tío que tiene hambre quiere lentejas, lo primero es antes», ha opinado el «campeón de España de cometer errores». Lo comprobó «al primer viaje» al corazón africano. Impulsó su propia fundación, con «proyectos que no van a acabar en nada», porque sus «relaciones con las administraciones públicas nunca me han resultado muy beneficiosas».
El riesgo y lo sagrado
A Pedro Cavadas le «gusta el riesgo», pero sus pacientes «son sagrados». Cree que «cualquier forma de ayuda es mejor que nada», aunque matiza que «todos los humanos hacemos algo buscando nuestro placer y beneficio; a la gente de países pobres les traen sin cuidado tus ganas de aventura de occidental, es tu problema».
El cirujano de fama y proyección mediática censura «las vacaciones solidarias para occidentales de vidas vacías; no están mal, pueden ser redentoras, pero el beneficio no llega más allá de que se sacuda tu conciencia». Ve «una motivación pobre» y resalta que «necesitamos pocas cosas para una vida digna, pero si tienes un iPhone 6 necesitas un iPhone 7».
Nos hacen falta «comida y agua, que no nos disparen mucho, atención sanitaria básica y educación; todo lo demás es prescindible». Y aboga por «enseñar a pescar» porque «no hay que dar peces», sino que los pueblos desfavorecidos caminen «de forma autónoma».
Conciencias sucias
«La cooperación humanitaria como lavadora de conciencias sucias insulta a la dignidad; lo veo tan falso y tan grotesco que eso no es mejor que nada, prefiero ver la tele al paripé», asevera Cavadas en Exponav. También saluda «las motivaciones religiosas» porque «son sólidas; en África he visto misioneros muy serios, gente admirable».
Reafirma, además, su lucha por la «capacitación de la gente para sacar las castañas del fuego, cada euro que dedicas a educación es el que más beneficio reporta». Lo hace con frases que tienen gancho, con guiños a un público que sabe a lo que viene, pero que probablemente habrá encontrado sorpresas en su dialéctica.