Hay lugares que funcionan como negocio y otros que terminan funcionando como punto de encuentro. En Prior, al borde mismo del Atlántico y con el faro marcando el final de la carretera, Finca dos Mares parece haberse convertido en lo segundo.
Fernando Ameneiros habla del proyecto como quien habla de una casa familiar. Y probablemente esa sea la palabra que más repite durante toda la conversación: casa. Casa para comer, para escuchar música, para encontrarse con amigos, para traer a la familia o para terminar compartiendo mesa con vecinos de toda la vida.
El próximo 30 de mayo, esa filosofía volverá a tomar forma con «As Flores dos Mares», una jornada que mezclará conciertos, vino, gastronomía, mercadillo, coches clásicos, Vespas y cultura local en una celebración que, más que un festival al uso, pretende parecerse a una romería contemporánea.
Y, de algún modo, lo es.
«Si me gusta a mí, tenía que gustarle a alguien más»
Cuando Ameneiros llegó a Prior para poner en marcha el proyecto, muchos le preguntaban quién iba a desplazarse hasta allí. La carretera terminaba prácticamente en el faro y las playas de la zona seguían siendo un secreto incluso para buena parte de Ferrolterra. «Yo pensé que por esta carretera no pasaba nadie. Estaban los vecinos y quien iba al faro, pero poco más», le dijeron.
El proyecto arrancó además en uno de los momentos más complicados posibles: en plena salida de la pandemia, con la subida de materiales y una obra larga y especialmente dura. «Vienes del COVID y te metes en un tinglao así…», resume. Pero había algo que le hacía insistir. Mientras avanzaban las obras, la gente se detenía a mirar el lugar y repetía siempre la misma idea: el sitio era espectacular.
«Pensaba: si esto me gusta a mí, mínimo le tiene que gustar a otra persona», recuerda el empresario.
Con el tiempo, aquella intuición acabó convirtiéndose en una manera de trabajar. Finca dos Mares lleva cuatro veranos creciendo prácticamente sin publicidad convencional. Apenas redes sociales y mucho boca a boca.
«Queremos que siga siendo así», explica. «Porque el boca a boca hace que venga gente que realmente quiere venir».

La historia de «As Flores dos Mares» empezó casi por casualidad, pero a día de hoy parece hacer un guiño a las antiguas romerías y a aquellos que las hacían posibles. Por ello, Ameneiros asentó esta celebración sobre una premisa: «Queríamos hacerlo nosotros, a nuestra manera y con gente de aquí».
Por eso el evento mezcla generaciones, perfiles y propuestas muy diferentes: desde vecinos históricos de la parroquia hasta jóvenes emprendedores, músicos, mercadillos emergentes o asociaciones de motos clásicas.
Ahí aparece una de las claves que más defiende Ameneiros: la mezcla. Él lo tiene claro, y la filosofía personal también trasciende a su negocio o, mejor dicho, su casa. «Este tipo de sitios tienen que ser mixtos. Tiene que haber gente de todas las edades».
Y aunque desde fuera el ambiente transmite naturalidad, detrás hay una organización enorme. Cerca de 90 personas participarán este año en el evento entre cocina, sala, coordinadores, músicos, técnicos, distribuidores y colaboradores.
Con todo, Ameneiros insiste en que lo importante no es hacer algo gigantesco, sino mantener cierta identidad. «No quiero hacer cosas muy grandes», afirma. «Nos llaman para bodas de 200 personas y no las hacemos».
«A lo mejor viene una persona con su madre o con su abuela y acabas conociéndolos. Eso es lo bonito».
La filosofía se nota incluso en detalles aparentemente pequeños. La terraza principal tiene solo ocho mesas pese a que, comercialmente, podrían colocar muchas más, pero como él mismo indica «si llenas esto de mesas, pierdes la posibilidad de parar a hablar con alguien», explica. «A lo mejor viene una persona con su madre o con su abuela y acabas conociéndolos. Eso es lo bonito».
La idea, insiste, nunca fue crear un sitio de paso. Finca dos Mares está al final de todo y quien llega hasta allí lo hace porque realmente quiere estar.
Durante toda la conversación hay una sensación constante: Ameneiros habla más de comunidad que de negocio. Cuenta cómo antiguos trabajadores terminan formando parte de los eventos, cómo colaboradores y bodegueros participan «porque quieren a la casa» o cómo cualquier idea nueva acaba creciendo entre varias personas casi de manera espontánea.
«Es que nadie te dice que no», resume. «Porque es divertido y porque es para todos».
Quizá ahí esté la clave de lo que está ocurriendo en Prior. No se trata solo de organizar conciertos o montar un evento atractivo junto al mar. Se trata de recuperar algo que durante años parecía haberse ido perdiendo: la idea de hacer cosas juntos.
De abrir la puerta de casa y dejar que entren los demás.
