M. C. | Ferrol | Martes 28 abril 2020 | 12:39
Este martes nos tomamos el primer café de la mañana con el mazazo informativo del fallecimiento del exfutbolista y comunicador deportivo Michael Robinson. Basta con darse un paseo por las redes sociales para constatar la simpatía unánime que despertaba el británico. Nos ha dicho adiós con 61 años, víctima de un melanoma que le diagnosticaron en 2018.
De su inconfundible voz de comentarista en el PC Fútbol a sus bellas y dinámicas entrevistas acuñadas en sus programas de radio y televisión, Robinson ha dejado una huella imborrable en varias generaciones y en el buen periodismo deportivo de nuestro país. Ese que se centra en las pequeñas grandes historias y no en tertulias más propias de la prensa del corazón.
Precisamente, en su papel de rastreador de historias, aterrizó en Ferrol el fin de semana del 15 al 18 de noviembre de 2013. Uno de sus colaboradores le había contado que a mediados de los 80, cuando el OAR se codeaba con los grandes del baloncesto, un alero de Carolina del Sur había llegado a la ciudad para sobrevolar la pista como un extraterrestre y desaparecer sin dejar rastro.
Era Nate Davis, uno de los jugadores más queridos de cuantos habían pasado por Punta Arnela y La Malata. Si alguien podía encontrarlo 30 años después sería el equipo de Informe Robinson. Periodista y exjugador dieron una rueda de prensa acompañados de Susana Martínez Galdós, por aquel entonces concejala de Deportes, para animar a los aficionados a acudir al pabellón aquel sábado.
Nate Davis junto a Michael Robinson y la concejala de Deportes, hace un rato en Ferrol. Foto de @adanpuentes pic.twitter.com/7hlVG4L6b8
— Raúl Salgado (@raulsalgado) November 15, 2013
El británico aseguró delante de la prensa local que el exjugador «hizo lo nunca visto. Si el baloncesto español prosperó entonces fue gracias a personas como él». Robinson reconocería horas después, fuera de micros y tras recorrer con Nate las calles de Ferrol, que la bienvenida de los ferrolanos a Davis le «había emocionado y sobrecogido tremendamente».
Aquel Informe Robinson se emitió el día de Navidad y resultó un regalo de Papá Noel inmejorable. Una de las miles de historias personales que quizás habrían seguido ocultas y rodeadas de misterio si Robinson no las hubiera rescatado del olvido:
Así que solo podemos darle las gracias por hacernos recordar las alegrías de los años en los que fuimos los mejores.