Estas cuatro piedras podrían ser un altar de 2.400 años de antigüedad

Podríamos estar de pronto no 'ante cuatro piedras', sino ante uno de los altares más antiguos de la zona, ante un espacio sagrado
Val de Esmelle_

ALICIA SEOANE | Jueves 14 de agosto de 2025 | 14:31

Cuántas veces me han asaltado preguntas en ciertos lugares que son memoria viva del pasado.No siempre llegan las preguntas entre interrogaciones, a veces llegan como intuiciones o sensaciones que pueden ponernos la carne de gallina.

Los árboles centenarios tienen ese poder de despertar en mí la curiosidad. Me imagino todo lo que habrán escuchado antes de que nosotros pisemos el suelo que habitan, cuántas cosas habrán visto, a cuántas personas quizás vieron morir entre sus raíces, mientras nosotros caminamos y le lanzamos la pelota a nuestro perro, tan ajenos ya a todo lo que vino antes de nosotros.

En la visita que tuvo lugar al Castro de Esmelle esta semana, Paulino Gasalla Aller nos guió entre los caminos del valle para acercarnos a la excavación. En la visita unas cincuenta personas miramos curiosas a un lugar que como los árboles centenarios tienen ese poder de despertar un estremecimiento.

Las formas que va tomando la excavación revelan que la comunidad que habitó en el castro tuvo una organización más compleja de lo que podemos imaginar en un primer momento. Si consideramos que hablamos de 2.400 años de antigüedad, la imaginación se dispara y comienzan las fantasías sobre todo lo que la historia nos habrá ocultado y quizá se pueda de pronto desvelar, aunque tan sólo sea una pequeña parte de esos secretos que solo conocen las piedras, la emoción está presente.

En la visita Paulino nos acercó con su propio asombro a un pequeño conjunto de piedras dispuestas en forma circular, ante esas ‘cuatro piedras’ de pronto se abrió la posibilidad, solo esa pequeña probabilidad, de quizá estar ante un altar, un Ara, donde se encendía un fuego en el castro que siempre alumbraba a sus habitantes.

Esta posibilidad que un arqueólogo (no del proyecto de excavación de la UDC, sino un contacto de Paulino) abrió con su hipótesis, hizo que se produjera en muchos de los visitantes un estremecimiento. Podríamos estar de pronto no ‘ante cuatro piedras’, sino ante uno de los altares más antiguos de la zona, ante un espacio sagrado que durante años, otros hombres y mujeres visitaron quizá con la misma necesidad de mirar hacia las estrellas. De conectar el mundo de los vivos y los muertos. 

Quizá esas cuatro piedras, sean solo cuatro piedras, pero la simple posibilidad de que sean un espacio sagrado, me hizo retroceder, y quedarme con una imagen de ese lugar. Como si pudiese retener en una imagen un trocito de asombro y del estremecimiento que me produce pensar que tantas personas antes hubiesen estado allí mirando el mismo infinito que hoy vemos.

Siguiendo a uno de mis artistas favoritos, de pronto me vino el trabajo de Richard Longe ‘A line made by walking’:

 

 

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