Galicia celebra unas 2.400 verbenas y más de 5.700 actuaciones al año. Detrás de Panorama, París de Noia o El Combo Dominicano hay empresas que facturan millones, miles de trabajadores y un fenómeno cultural que no tiene comparación en el resto de España.
Cada verano ocurre lo mismo. Las luces se encienden, el escenario cobra vida y miles de personas llenan plazas y campos de fiestas dispuestas a bailar hasta la madrugada. Es una imagen tan habitual en Galicia que pocas veces nos detenemos a pensar en todo lo que hay detrás de una verbena.
Porque una orquesta ya no es solo un grupo de músicos.
Es una empresa. Una producción que moviliza decenas de trabajadores, recorre miles de kilómetros cada temporada y sostiene una industria musical que mueve millones de euros cada verano.
Las cifras ayudan a entender la magnitud del fenómeno. Según el estudio de la Universidade de Santiago sobre la industria musical ligada a las fiestas populares, en Galicia se celebran alrededor de 2.400 verbenas y más de 5.700 actuaciones cada año, una actividad que convierte a la comunidad en el mayor circuito de música en directo vinculado a las fiestas populares del país.
Mucho más que tres horas de espectáculo
El público solo ve el resultado final: cantantes, bailarines, pantallas gigantes y un repertorio que enlaza clásicos de siempre con los últimos éxitos.
Sin embargo, detrás de esas tres o cuatro horas de actuación hay una compleja organización que comienza mucho antes de que llegue el primer espectador. Técnicos de sonido e iluminación, conductores, montadores, personal de producción, administrativos o encargados del mantenimiento forman parte de una maquinaria que funciona durante todo el año.
Las grandes orquestas gallegas han evolucionado hasta convertirse en auténticas empresas del entretenimiento. Cada temporada renuevan parte de su espectáculo, invierten en tecnología y compiten por ofrecer montajes cada vez más ambiciosos. Esa carrera por sorprender al público ha cambiado por completo el sector en apenas dos décadas y, este fin de semana es el ejemplo perfecto. Decenas de verbenas se solapan en Ferrolterra y alguna, como As Somozas, presume de dos de los «grandes del espectáculo» en una misma noche.
Empresas que facturan millones
Aunque muchas orquestas de Galicia siguen siendo pequeñas empresas familiares, las grandes formaciones manejan cifras propias de compañías consolidadas.
Las cuentas públicas más recientes muestran que Panobaser S.L., la empresa que gestiona Panorama, facturó 2,16 millones de euros en 2023, mientras que Lomunoia S.L., responsable de París de Noia, alcanzó los 1,99 millones. Son dos de las pocas sociedades del sector cuyas cuentas pueden consultarse públicamente.
Sin embargo, esos ingresos no se traducen en beneficios millonarios. Buena parte del dinero vuelve a invertirse en salarios, combustible, transporte, renovación de equipos, vestuario, seguros o impuestos. Mantener una gran orquesta gallega supone sostener una estructura muy costosa que solo puede amortizarse con un elevado número de actuaciones.
Esa necesidad explica también otro fenómeno de los últimos años: muchas de las principales orquestas gallegas ya no limitan sus giras a la comunidad. Cada verano actúan también en Asturias, Castilla y León, Cantabria, Madrid, Extremadura o Andalucía para rentabilizar unas producciones cada vez más caras.
La carrera por ofrecer el mejor espectáculo
Dentro del sector incluso existe un término para definir esa competencia constante: el «efecto Panorama».
La expresión hace referencia a la reacción que provoca cada nuevo montaje de la popular orquesta. Cuando Panorama presenta un espectáculo más ambicioso, el resto de grandes formaciones incrementa también sus inversiones para no quedarse atrás. El resultado es una escalada tecnológica que ha transformado la verbena gallega en un espectáculo visual de primer nivel.
Hoy, las orquestas gallegas ya no compiten únicamente por tener buenos músicos. También lo hacen por ofrecer la mejor iluminación, las pantallas más espectaculares o una puesta en escena capaz de sorprender al público cada verano.
Una verbena mueve mucho más que música
La pregunta se repite cada verano cuando una comisión de fiestas anuncia la contratación de una gran orquesta: ¿merece la pena invertir decenas de miles de euros en una sola noche?
Quienes organizan las fiestas suelen responder con otra idea: no se paga únicamente una actuación, sino la capacidad de llenar un pueblo.
Porque alrededor de una verbena trabajan muchos más sectores de los que parece. Hoteles, bares, restaurantes, feriantes, imprentas, empresas de seguridad, talleres, proveedores de sonido o compañías de transporte también se benefician de la actividad que genera una gran fiesta. El impacto económico va mucho más allá del contrato firmado con la orquesta.
Los estudios disponibles apuntan en esa dirección. La investigación de la Axencia Galega das Industrias Culturais (Agadic) y la Universidade de Santiago cifra en 227,7 millones de euros el impacto económico de la actividad musical gallega y calcula que sostiene el equivalente a 3.250 empleos a jornada completa, además de generar un importante retorno para sectores como la hostelería y el turismo.

El trabajo que nunca sube al escenario
Si las orquestas gallegas son la cara visible de las fiestas, las comisiones de fiestas son el motor que hace posible todo lo demás.
Durante meses, cientos de vecinos dedican su tiempo libre a vender rifas, buscar patrocinadores, recorrer las casas del pueblo, contratar seguros, solicitar permisos y coordinar todos los detalles necesarios para sacar adelante unas fiestas que, en muchos casos, duran apenas unos días. La mayoría lo hace de forma completamente voluntaria.
La contratación de la orquesta suele ser la partida más importante del presupuesto, pero no la única. Seguridad, ambulancias, generadores, baños químicos, limpieza, publicidad o fuegos artificiales completan unos gastos que obligan a muchas comisiones de fiestas a comenzar la recaudación prácticamente al terminar las fiestas del año anterior.
Un patrimonio que va más allá de la música
Durante mucho tiempo, la verbena gallega fue vista únicamente como una tradición popular. Sin embargo, en los últimos años la propia Xunta ha empezado a reivindicarla también como un patrimonio cultural y un importante tejido económico, capaz de movilizar miles de personas cada verano y de reinventarse generación tras generación.
Paradójicamente, todavía no existe un estudio que cuantifique con precisión cuánto dinero mueve cada verano el conjunto de las verbenas de Galicia. Todos coinciden en que el impacto económico es enorme, pero sigue siendo un fenómeno poco analizado desde el punto de vista económico.
Quizá ahí resida una de las grandes singularidades de las orquestas gallegas. Mientras el público solo disfruta de unas horas de música en directo, detrás continúa funcionando una de las industrias culturales más potentes y menos conocidas de Galicia.
