Las historias detrás del vídeo de Lar do Eume que arrasa en redes: «A vida de todos importa»

Carmucha y Teresa, dos de las usuarias de Lar do Eume
Carmucha y Teresa, dos de las usuarias de Lar do Eume

Hay vídeos que se hacen virales y desaparecen de las redes tan rápido como llegaron. Y hay otros que consiguen algo más difícil: poner rostro a toda una generación. Es lo que ha ocurrido con el vídeo de Lar do Eume, el centro de día de Pontedeume cuyos usuarios cuentan ante la cámara a qué se dedicaron durante su vida.

Publicado el 28 de agosto, el vídeo acumula en la captura consultada 2.400 reacciones, 82 comentarios y 86 compartidos en Facebook. Pero más que las cifras, llaman la atención las historias que aparecen y las personas que las reconocen. «Don David, profesor de diez, y persona maravillosa», escribe una usuaria. Otra recuerda al que fue «el mejor profe de mates». Hay también quien habla de «la generación de hierro» y quien reivindica que todos ellos contribuyeron «a levantar este país».

Y es que detrás de la frase «Una vez fui…», escrita en una cartulina que sostiene una de las protagonistas del vídeo, aparecen maestras, farmacéuticas, militares, labradores, costureras, trabajadoras del mar y mujeres que sacaron adelante a sus familias.

Son precisamente esas historias las que hemos ido a conocer a Lar do Eume, donde el vídeo sigue siendo una excusa para hablar de toda una vida.

Siete años haciendo comunidad en Pontedeume

Lar do Eume comenzó su actividad en 2019. El proyecto nació de la mano de Encarna Sardiña, Mally, y Belén Reyes y actualmente reúne a cerca de 40 usuarios. Al frente del día a día está también Paloma Sardiña, hija de Mally y técnica en atención sociosanitaria y animación sociocultural.

El centro atiende a personas de Pontedeume y otros puntos de Ferrolterra y combina la atención profesional con actividades de estimulación cognitiva, memoria, gimnasia, música, manualidades, lectura, cocina y repostería, entre otras.

Pero al hablar con sus usuarios queda claro que hay algo que no aparece en ningún programa de actividades: la importancia de estar con otros.

 

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De maestras a labradores

Carmucha fue maestra y se jubiló en el instituto de Enseñanza Media Concepción Arenal, en Ferrol. Al recordarlo se emociona: «Foi o meu colexio daqueles tempos en que eu era case unha nena». Después añade: «As cousas que quedaron atrás quédannos metidas no corazón». 

David fue también maestro. Hizo la oposición en Pontedeume y acabó trabajando en Andrade. Cuando le preguntan en qué colegio se jubiló, responde con humor: «Non me xubilei». 

María Victoria ejerció como farmacéutica en A Capela desde los 23 años. Manuel ingresó en el Ejército cuando estaba a punto de cumplir los 18 y acabó llegando a comandante. Constantino fue labrador en A Capela y hoy disfruta en el centro de las cartas, la pintura y la gimnasia. Markdown pegado

Charo, en cambio, fue «un poco de todo»: ama de casa, trabajadora del campo y costurera. «Porque había que facelas. Éramos moitos na casa e cada un tiña o seu», explica. Eran 18 en casa, siete hermanos. Ahora lleva alrededor de dos años en Lar do Eume y pintar es una de sus actividades favoritas. 

En la segunda mesa aparecen otras historias ligadas al trabajo de las mujeres. Una de las usuarias vendió pescado junto a su marido y recuerda con orgullo que gracias a aquellos trabajos sus cuatro hijas pudieron estudiar: «Grazas a tantos traballos de mar, de limpar e de todo, puideron estudar as miñas fillas». 

Adela Fernández Díaz llegó de Asturias con 19 años y trabajó en dos fábricas, una de relojes y otra de ropa de caza y pesca. Pilar trabajó en el campo, vivió dos años en Francia y crió a cinco hijos: «Unha casa, cinco fillos. A min paréceme traballo suficiente». 

Entre las vivencias también aparecen las de quienes levantaron sus propios negocios. Obdulia González trabajó primero la tierra y después abrió una tienda de comestibles en As Pontes, en una época en la que todavía no existían las grandes superficies y en la que estuvo alrededor de 15 años detrás del mostrador. También María Teresa Miñón emprendió junto a su hermana: siendo muy joven montaron una tienda de punto con máquinas de tejer, donde realizaban encargos a medida. Dos ejemplos de una generación que no solo trabajó por cuenta ajena, sino que también creó sus propios medios de vida y pequeños negocios.

«El punto es venir pronto»

Para las trabajadoras de Lar do Eume, contar estas historias también sirve para explicar qué hay detrás de un centro de día. Llevan alrededor de siete años trabajando con personas mayores y actualmente atienden a entre 38 y 40 usuarios, la mayoría mujeres. Ahora mismo son cinco hombres. Markdown pegado

Una de las ideas que más importancia conceden es acudir al centro cuando todavía existe margen para trabajar las capacidades de cada persona: «O punto é vir pronto, cando aínda podemos traballar». Markdown pegado

Los primeros problemas de memoria pueden confundirse con simples despistes, explican, cuando precisamente puede ser un momento importante para la estimulación. A esa parte terapéutica suman otra que consideran fundamental: la compañía.

«Temos unha pandilla de mulleres que chegan, cóntanse as súas cousas», explican. Markdown pegado

Y aparecen también pequeños intercambios cotidianos. Una lleva huevos de sus gallinas y otra deja pan. «Hai trueques. Como os recreos», rien. 

Una de las usuarias, de 86 años, resume qué significa para ella estar allí: «É o mellor. Ter xente coa que falar, coa que estar e compartir cousas». 

Mucho más que un vídeo

Desde Lar do Eume explican que estaban «moi orgullosas de todos eles, de todas as historias que nos contan día a día desde hai moitos anos» y que querían que todo el mundo las conociese.

Las redes terminaron haciendo el resto. Antiguos alumnos reconocieron a sus profesores, vecinos identificaron a personas con las que habían coincidido décadas atrás y muchos usuarios reivindicaron el valor de una generación acostumbrada a trabajar y cuidar.

No todos le dan la misma importancia a recordar. Manuel discrepa: «Non lle dou importancia. Unha profesión chega un momento, e tiven vivencias boas, algunhas malas, e entón non creo que sexa importante».

Pero para otros, recordar también es compartir. «Sempre se aprende», dicen. 

Y quizá ahí esté la clave de que aquel vídeo haya conectado con tanta gente. La pregunta era qué profesión tuvieron. Las respuestas terminaron contando quiénes fueron.

Porque detrás de cada profesión hay una vida. Y en Lar do Eume lo tienen claro: «A vida de todos importa».