FERROL360 | Lunes 22 de diciembre de 2025 | 18:23
En Ferrol, cuando se habla de turrón artesanal, no se habla de modas, ni de sabores imposibles, ni de esos experimentos virales que cada Navidad invaden las redes. Aquí, el turrón que emociona, el que vuelve a casa cada diciembre, tiene apellido propio: Pastelería Gascón.
Y tiene historia. Nada menos que 127 años de tradición, cuatro generaciones y una forma de entender la Navidad que huele a almendra y azúcar.
Hablamos con Elena Rubio, actual responsable del obrador, cuarta generación de esta saga pastelera que mantiene viva una manera de hacer turrón que ya casi no existe.
«Antes no había fábricas ni tabletas industriales como ahora. En mi casa nunca hubo el turrón que se vende ahora en el supermercado… siempre fue una bandeja llena de nuestros turrones», cuenta.
Un universo de sabores… sin perder la esencia
En la vitrina de Gascón no hay extravagancias modernas. O sí, pero solo en la decoración.
Lo que hay , sobre todo es identidad, oficio y una variedad que sorprende por su riqueza y su delicadeza.
Turrón de pan de Cádiz (con mazapán, yema, coco y frutas), de naranja pistacho y almendra; o de chocolate negro con crema de mantequilla, y por no hablar del de tres cremas de mantequilla (con chocolate, fresa y nata), o el de castañas con naranja y pistacho. En fin, la lista es larga.
«Siempre con almendra. El turrón de verdad lleva almendra, azúcar y yema. Cada pastelería clásica hacía los suyos y los míos siguen el mismo recetario de siempre. Yo puedo cambiar alguna decoración, pero la receta, jamás», explica Elena.
Solo uno rompe ligeramente la norma: el de coco, que no lleva almendra. Pero aquí el respeto a la esencia manda.

El último reducto de una tradición ferrolana
En Ferrol, casi nadie conserva ya este formato tradicional. «Creo que no… aunque lo hubieran hecho sus antepasados. Nosotros somos la pastelería más antigua haciendo estos turrones. Somos cuarta generación», describe Elena.
Esa historia comenzó cuando su bisabuelo abrió en el centro y ahora Elena sostiene la llama:
«Me quedan diez años por delante, muchas Navidades por pelear», cuenta antre risas, «Es duro, lo nuestro es perecedero. El día 23 es una locura. Se trabaja sin dormir… pero te acostumbras».
En Gascón casi nadie compra un turrón entero. Lo típico es llenar bandejas de turrones variados, preparadas con celofán y lazo, listas para colocar en la mesa familiar.

«Normalmente cogen cuatro trocitos, seis… otras veces bandejas grandes. Nadie lleva uno entero. Aquí se lleva variado para probar».
Así es cómo el turrón de Gascón es ya memoria colectiva de la ciudad, tradición viva y un pedazo del alma de Ferrol que resiste al paso del tiempo.
Porque en Navidad las tendencias cambian, pero los ferrolanos lo tienen claro: donde esté uno de Gascón, que se quiten los turrones con sabor a chips de jamón.














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